Cuando se sienta al piano, el público olvida la edad de Tony Madruga, un cubano americano de 13 años que lo mismo deslumbra con los clásicos del jazz que cuando interpreta la llamada música culta.
Su historia ''en grande'' comenzó cuando asombró al pianista de jazz Bill Charlap en un taller de virtuosos celebrado en el centro cultural 92Y de New York hace dos años. Después de ese encuentro, alternó con el pianista panameño Danilo Pérez en la Universidad de Princeton, ocasión que aprovechó éste para presentarlo en el Festival de Jazz de Panamá 2007, donde James Browne le propuso amenizar en el Sweet Rhythn Jazz Club del Greenwich Village de Manhattan.
''Me invitaron a tocar una noche, pero tuve que repetir la actuación ese fin de semana'', recuerda Tony desde su casa de Pembroke Pines, poco antes de comenzar la clase de piano con su maestro de jazz William Noll.
Madruga llegó hasta allí mediante la gestión de Giselle Brodsky, fundadora del Miami Internacional Piano Festival y Patron Exceptional Artist, organizaciones que lo dieron a conocer como intérprete clásico en el festival italiano de Lecce y en el Lincoln Theater de Miami Beach. Pero esa visita a Nueva York dio otro impulso a su carrera.
El joven recuerda que poco antes de regresar a la Florida fue entrevistado por David Lopate en su programa radial de la WNYC, sin imaginarse que el saxofonista Paquito D'Rivera lo estaba escuchando.
''Paquito fue con su clarinete a la función del sábado en el Village y después de oirme, me pidió permiso para tocar conmigo There Will Never be Another You'', cuenta Tony. ``Aunque yo estaba muy nervioso, nunca perdí el control''.
Esa noche pasaron por ahí Bill Charlot, Sedar Walton, Santis Debrianis y otras figuras del jazz. Al otro día, lo invitaron a Birdland, un templo jazzístico de la Calle 44, donde enloqueció al público con su versión de On A Clear Day, acompañado por la orquesta de Arturo O'Farrill Jr.
''Tony está recibiendo la educación musical indicada'', afirma D' Rivera desde New Jersey. 'Puede balancear el `pianismo' de los clásicos y románticos europeos con la frescura del jazz. Esto lo hará un músico sin limitaciones''.
Según la profesora Brodsky, su guía desde los 9 años en el piano clásico, ``Tony es sumamente maduro. Además, cuenta con el respaldo familiar y tiene la suerte de estar rodeado de un ambiente no
competitivo''.
Cuando Omar y Cora, sus padres, detectaron que su hijo a los cuatro años tenía una sensibilidad especial, lo llevaron a una academia de Weston. Allí les recomendaron Keyboard for Kids, un programa de la Universidad de Miami donde lo pusieron en un nivel propio de niños de 8.
''El no sabía leer música, apenas estaba aprendiendo a escribir'', evoca Omar, de 53 años, convertido en mánager de Tony después de jubilarse de la Corte Federal.
''En los últimos meses Paquito [D'Rivera] lo ha invitado al Festival de Jazz Duke Ellington de Washington DC, al Carneige Hall de Nueva York, al Festival de Jazz de Punta del Este y al Gusman Theater del downtown'', dice orgulloso. ``Hace unos días participó con su trio en Classicals Meet Jazz, un show que presentó el Sugden Community Theater de Naples.
Su facilidad para pasar de un género a otro impiden a Tony establecer preferencias.
''En el jazz puedo improvisar, pero también me gusta tocar Malagueña y La comparsa, de Lecuona'', comenta este estudiante del Glades Midle School Pemprocake Pines, premiado a nivel nacional por la revista de jazz Downbeat en las categorías Outstanding Jazz Performance y Best Classical Piano.
¿Qué piensan tus amigos de tus éxitos?
''Ellos sólo saben que toco piano y que viajo mucho. No conocen más detalles'', concluye sin darle mucha importancia.•